Las piezas que salen del taller llevan consigo la historia de su origen: un tronco de poda, una rama caída o un resto de derribo controlado. Aquí reunimos algunas de las obras que hemos entregado y las palabras de quienes las recibieron, para que puedas conocer de primera mano cómo trabajamos y qué esperar al encargar una pieza.
Cada encargo termina con una conversación sobre la madera, el proceso y cómo la pieza se integra al espacio. Estas son algunas de esas conversaciones, contadas por sus protagonistas.
Encargamos una mesa para el living y el resultado superó lo que imaginábamos. La veta del fresno quedó a la vista, con un acabado que no tapa nada. Se nota que cada curva se pensó para la pieza, no para una foto. Llegó en el plazo acordado y con instrucciones claras de mantenimiento.
Queríamos algo funcional pero con carácter. El estante que hicieron para la cocina sostiene lo cotidiano y a la vez es lo primero que se ve al entrar. La madera recuperada tiene marcas que cuentan su historia, y eso le da una calidez que un mueble industrial no tiene.
Fui al taller de fin de semana sin ninguna experiencia. Aprendí a elegir la gubia correcta, a leer la dirección de la veta y a no apurar el corte. Salí con una pieza chica terminada y con ganas de seguir practicando. El grupo era reducido y el ritmo, tranquilo.
Pedimos una escultura para un rincón del jardín y el proceso fue muy claro desde el primer boceto. Nos mostraron fotos de la madera antes de empezar y explicaron cómo iban a trabajar las grietas naturales. La pieza resiste bien la intemperie y el aceite que usan no deja residuos.
El banco que hicieron para la entrada es sólido, cómodo y tiene un color que combina con el piso de pinotea. Lo usamos todos los días y el acabado sigue impecable. Se nota el trabajo manual en los detalles: las uniones, los bordes, la forma del respaldo.
Compré una bandeja como regalo y terminé quedándomela. La madera tiene un tono cálido y el aceite vegetal le da un terminado que no se siente plástico. Es liviana, práctica y cada vez que la uso alguien pregunta dónde la conseguí.
Antes de encargar una pieza o anotarte en un taller, conviene dejar claros algunos puntos sobre cómo trabajamos, qué entendemos por madera recuperada y qué podés esperar de cada encargo.
Usamos troncos y ramas provenientes de podas urbanas, derribos controlados y restos de aserraderos locales. No compramos madera de tala reciente ni importamos especies exóticas. Cada pieza conserva su procedencia documentada, y si no podemos verificar el origen, no la utilizamos.
El trabajo con gubia y formón deja marcas visibles que forman parte de la estética. No alisamos la superficie hasta dejarla como plástico: respetamos la veta, las grietas naturales y las variaciones de tono. Si buscás una pieza perfectamente uniforme, nuestro taller no es el lugar indicado.
Aplicamos aceites vegetales prensados en frío, sin barnices sintéticos ni lacas. Esto significa que la madera sigue respirando y oscurece levemente con el tiempo. Para piezas de exterior, recomendamos reaplicar aceite una vez al año; para interiores, cada dos o tres años según la exposición al sol.
Una escultura de tamaño medio requiere entre tres y seis semanas, según la complejidad del diseño y el secado previo de la madera. No hacemos entregas express: el secado lento evita que la pieza se agriete a los pocos meses. Te avisamos con fotos del avance en cada etapa.
Aceptamos pedidos a medida, pero con condiciones claras: el diseño se acuerda antes de empezar, el presupuesto incluye la selección de la madera y el tallado, y los cambios de diseño durante el proceso pueden modificar el plazo. Preferimos conversar el proyecto en persona o por videollamada antes de confirmar.
Los cursos están pensados para personas sin experiencia previa. Trabajamos con madera blanda y herramientas básicas, y el objetivo es que cada participante termine con una pieza pequeña terminada. El cupo máximo es de seis personas por sesión para garantizar atención individual.